El paradigma otletiano como base de un modelo para la organización y difusión del conocimiento científico
rechazo a la escolástica, así como de la metafísica, rápido modificarían su forma de pensar, de
comprender el mundo y de concebir el conocimiento mismo.
Edmond Picard y Paul Héger, ambos destacados hombres de ciencia y amigos de la familia de
Otlet, siempre intentaron formarle cuidadosamente, evocando en él toda la vitalidad por el mundo
del arte, las letras y las ciencias de su tiempo. Heger, adoptando una postura positivista, presentaría
a Otlet las limitaciones de la filosofía especulativa; pero de los argumentos desarrollados por ambos,
Otlet replicaba que de todo eso lo único que importa es la moral última para hacer el bien. Así él
seguiría con la idea de que la ciencia es el único medio capaz de remediar los males que atentan a
la humanidad.
Dentro de la Universidad de Lovaina, asediado por el liberalismo y por el escepticismo de los
intelectuales, Otlet empezó a tener más apuros. No sólo su lucha interna por escoger entre el camino
de la religión o la ciencia, sino también el no sentirse correspondido por el amor de Fernande, lo
obligaron a cuestionarse constantemente sobre su futuro. Esto le provocó a un conflicto vocacional
muy fuerte, que luego él mismo se plantearía. Dicho conflicto abarcaba sus tres centros de interés:
«amor, ciencia y acción.»7 Era obvio que tenía que conciliar su amor por Fernande con una carrera,
pero tampoco podía darse tregua alguna que fuera en contra de su deber moral y religioso en busca
del bien social. A sus veinte años escribiría un retrato de sí mismo en un artículo titulado Quod
Faciam, cuya temática resume una posible conciliación:
a) cierto gusto por lo liberal... estudioso de la realidad;
b) una mente sintética;
c) preferencia por la literatura y la elocuencia;
d) rechazo de lo práctico, cierto escepticismo por la acción;
e) horror a enamorarse de la ley.8
Otlet cuenta «...que había empezado a examinar las cosas como fuerzas constructoras y
destructoras, como elementos generativos de la universalidad.»9 También pensaba que era «…raro
considerar las ideas como fuerzas en sí mismas, así como suponer lo individual como una máquina
que se siente guiada por ellas.»10 Por tanto, decidió que lo que él debería hacer era estudiar la
civilización y su mecanismo social: la ley. Y mientras «...estuviera haciendo esto intentaría unificar y
sintetizar nuestro conocimiento en su estado actual e intentaría contemplar una amplia síntesis del
estudio de la ley y de los hechos políticos. Para satisfacer su necesidad de llegar a ser una parte
activa en el mundo estaba decidido a hacerse abogado.»11
Después de convencerse que su camino estaba en función del estudio de las ciencias y no en
la formación eclesiástica, Otlet meditó sobre su estancia en Lovaina, teniendo como conclusión la
necesidad inmediata de cambiar de aires. Pensaba que su estancia en Bruselas sólo le entorpecía la
mente, ya que las ideas que fluían por esa ciudad en aquel tiempo, él las consideraba caducas y
anticuadas. Infineresolvió mudarse a París tras un periodo de indecisión y angustia, causado por la
inquietud de ir a Berlín para ver a Fernande y por el impulso de estudiar en la capital francesa.
7
José López Yepes. Ladocumentación…, pág. 61.
8
Pilar Arnau Rived. Op.cit., pág. 154.
9
W. Boyd Rayward. Eluniverso..., pág. 12.
10
Loc.cit.
11
Ibídem, pág. 13.
11
Después de todo, Otlet estaba frente a tres opciones que él consideraba importantes: amor, ciencia y
acción. Al final Otlet desobedeció a su corazón y partió a París.
Antes de su partida, Otlet pensó en el positivismo como una perspectiva fecunda y llena de
posibilidades de desarrollo futuro, dado que veía en esta nueva corriente filosófica una combinación
de carácter científico y ontológico que tanto anhelaba. La cogitación positivista vendría a determinar
casi totalmente su pensamiento, lo que le permitió tener visiones sobre un desenvolvimiento social
fundado en el desarrollo de la ciencia y la utilización del conocimiento, con el cual toda la
humanidad quedaría beneficiada. Finalmente encontraría en el positivismo la puerta que lo
conduciría al cumplimiento de sus intereses personales, así como al logro de su ideal bienhechor.
Una de las tantas cosas que hizo antes de partir a París fue poner en orden sus muestras
botánicas y geológicas, sin olvidar sus papeles personales. Clasificar y volver a clasificar sus
papeles era algo que había adquirido como hábito desde que tuvo quince años, tarea que a futuro se
convertiría en parte fundamental de su trabajo. Regularmente Otlet tomaba notas:
Tomando notas de los autores, uno tiene la incuestionable ventaja de hacer un resumen, esto es, un
tratado acotado que contiene pasajes importantes y útiles para uso propio… Para ganar tiempo, en
lugar de desarrollar un pensamiento inmediatamente que se ha leído, simplemente se hace una
anotación en un pedazo de papel que se coloca en una carpeta. Los sábados, por ejemplo, estos papeles
pueden ser examinados uno por uno para su clasificación o para ampliarlos si fuese necesario… Más
eficaz que clasificar las hojas sueltas del mismo formato cada semana, es escribir todos los temas en
el mismo cuaderno, teniendo cuidado de asignar una página completa a cada nuevo tema. Una vez que
el cuaderno se considere completo, las hojas pueden ser cortadas y clasificadas. Sin embargo, muchas
cosas son difíciles de clasificar y éstas se reúnen juntas ad hoc en otro cuaderno, sin volverlas a
copiar.12
Lo antes descrito resume significativamente la mentalidad que Paul Otlet mostró a lo largo de
toda su vida. Esa capacidad de análisis y síntesis que poseía de forma natural, con el tiempo fue
depurándose, al grado de llegar a establecer innovadoras formas para la organización y la
clasificación de los documentos. Esta tarea que consistía en organizar sus papeles de una forma
minuciosa, con base en una serie de actividades que le permitían un control exhaustivo de su
información, posteriormente, y después de un trabajo arduo y serio, Otlet le denominó
documentación.
Todo parecía indicar que su estancia en París (1888) resolvería parte de sus inquietudes
intelectuales, de ahí que frecuentara varios círculos sociales, entre ellos el literario. Asistió a
comidas y bailes de revistas; trabajó duro en sus estudios y se enfrascó firmemente en estudiar
«sociología, leyes, economía e historia.»13 En febrero de 1889 Otlet viaja a Niza para ver a su familia
y, teniendo en este lugar largos días para meditar, se convence de que el agnosticismo es aquello
que le dejará mejores dividendos intelectuales.14 En Niza pensaría que la metafísica era falsa y
desilusionante, a pesar de que en algún tiempo significó mucho intelectualmente para él.
Después de algún tiempo Otlet vuelve a París, y allí, en medio del ambiente parisino y de la
filosofía de su época, proclama lo siguiente: «Creo en los grandes principios del positivismo y de la
evolución: la formación de las cosas por evolución… el relativismo del conocimiento y la formación
12
Ibídem, pág. 14.
13
José López Yepes. Ladocumentación...., pág. 61.
14
Pilar Arnau Rived. Op.cit., pág. 154.
12
histórica de los conceptos.»15 Otlet se impregna de ese ambiente positivista que imperaba en París
en el siglo XIX, ciudad Luz donde se respiraban las ideas de Auguste Comte, filósofo insigne de aquel
siglo quien aportó el concepto de «positivismo francés»16 (filosofía positiva) y la idea de la sociología
como ciencia última.
A su regreso de París y después de haberse retirado de la Universidad de Lovaina, Otlet se
traslada a la Universidad Libre de Bruselas para continuar con sus estudios de abogado. En octubre
de 1890 obtendría el doctorado en derecho17, y para diciembre del mismo año contraería matrimonio
con Fernande Gloner, el amor de su vida.18
1.2 Su juventud y el positivismo
A finales del siglo XIX Otlet se había declarado como un adepto más del pensamiento positivista. Su
mente giraba en torno a la realización de un bien social, ideal que hizo razón de su trabajo a partir
de su adolescencia. La facilidad y la naturalidad que mostraba para la clasificación y la síntesis, lo
postulaban como una persona sumamente capaz para abordar las tareas bibliográficas, que con el
tiempo llegarían a cristalizarse en una gran obra en beneficio del intelecto humano, la cual se hizo
presente como una de las revoluciones bibliográficas más importantes del siglo XX: la elaboración de
la Clasificación Decimal Universal (CDU) y la creación del Repertorio Bibliográfico Universal (RBU),
ambos con mira a resolver problemas sobre el uso del conocimiento y la información. Pronto haría
de las ideas de equidad y democracia firmes estandartes de su pensamiento, proyecto social que no
dudaría canalizar en forma de trabajo bibliográfico, lo que en gran medida sentó las bases para el
desarrollo de una nueva disciplina. Todo ello causó que Otlet vislumbrara una concepción diferente
del tiempo y espacio para las tareas bibliográficas.
La vida en la ciudad de Bruselas, al finalizar el siglo XIX, presentaba un aceleramiento
paulatino. El raudo desarrollo mercantil e industrial invadía con fuerza la vida económica de esta
ciudad. Asimismo, la división de las clases sociales se notaba cada vez más marcada y con un
rostro totalmente desencajado. Grossomodoeste es el momento histórico que Paul Otlet enfrentaría.
Casi inmediatamente después de su matrimonio con Fernande, Otlet empezó a trabajar en un
juzgado. El ambiente que rodeaba su trabajo estaba compuesto por una clase social alta y por un
círculo intelectual de abolengo. Su trabajo y su posición dentro del juzgado indudablemente lo
alejaban de las clases sociales más desfavorecidas, pero no por ello éstas dejaban de existir en su
mente. Sus amistades rápidamente se acrecentaron, llevándolo a formar parte de clubes y
sociedades tales como el Cercle du Jeune Barreua de Bruselas, en cuyo periódico Palis empezó a
publicar varios artículos.19
A pesar de tener una posición acomodada en el juzgado, Otlet se sentía frustrado. Aborrecía su
trabajo y decía que era un desperdicio sus cuatro años de universidad empleados sólo en tareas
burocráticas. Edmond Picard, quien fuese su jefe, lo trataría de alentar, diciéndole que «...un
abogado de los tribunales de justicia no es el que tiene muchos casos, esto es accidental. Es el
15
José López Yepes. Ladocumentación..., pág. 62.
16
Ramón Xirau. Introducción a la historia de la filosofía. 12ª. ed. México, Universidad Nacional Autónoma de México,
1995, pág. 309.
17
José López Yepes. Ladocumentación..., pág. 62.
18
W. Boyd Rayward. Eluniverso..., pág. 20.
19
Ibídem, pág. 24.
13
hombre que siempre, en todos los casos y donde quiera, cumple con la idea de justicia.»20 Pero tal
parece que estas palabras nunca confortaron la mentalidad de Otlet con respecto a su idea de la
labor jurídica. Sin embargo, su trabajo dentro de este círculo, que él llamó burocrático, con el
tiempo le serviría para entablar relaciones con el gobierno y con otras instituciones no
gubernamentales en pro de su obra.
Su inconformidad no sólo estaba en razón de su trabajo como abogado, sino que estaba en
función del trabajo rutinario y sin trascendencia: «El hecho está en que no he encontrado una labor
en donde haya más vida intelectual… en donde haya una variación que conduzca hacia algo eficaz
para mí mismo y para la sociedad...», decía. Buscar alguna meta, algún destino que pudiera darle
una base para atacar «el todo», era lo que más le importaba. Anhelaba «...un guía; sentirse
incorporado a algún grupo de trabajo bajo la dirección de un jefe que le llevase a la conquista de un
gran ideal.»21
Otlet, en su inclinación por un pensamiento abstracto, se percató de la necesidad de obtener
mayores estímulos para trabajar en un proyecto que le fuera satisfactorio según sus ideales de vida.
De esta forma y a través de diversas reflexiones, contempló que la mayoría de los países se
encontraba en un espectro de «...anarquía intelectual: Parece como si los hechos fueran demasiado
complejos para ser captados por nuestra mente. Por todas partes surgían nuevas ideas que a él le
parecían todavía generales, contradictorias y confusas para que condujeran a una acción eficaz.»22
Otlet expresaría así su sentir sobre la necesidad de una «vida universal», que recogiera en una
«síntesis» la esencia de la misma. Esto le exigiría estudiar el todo: tanto el progreso de la sociedad
como el de la psicología.
A Otlet estos conceptos e ideas le fueron necesarios para entender el mundo. Deseaba saber
las causas que rigen nuestras vidas, para tener la certeza de que el conocimiento que se adquiere de
éstas es el mejor que se puede utilizar en beneficio de la humanidad. Y encontraría en la sociología
de Auguste Comte y Herbert Spencer la idea de ciencia (conocimiento) que tanto buscó. Esta
concepción o interpretación de la realidad, que se apoya en la filosofía positivista, y con la cual Otlet
estuvo totalmente de acuerdo, vendría a influir tanto en su vida personal como en su vida
profesional. Para comprender mejor sus ideas, necesariamente tendremos que hacer un paréntesis
en el contexto histórico que lo determinó.
La vieja Europa vivía la consolidación del capitalismo industrial, debido a un doble ciclo de
revoluciones burguesas: la política (revolución democrática) y la económica (revolución industrial).
El nombre de Auguste Comte figuraba en la vida intelectual del siglo XIX. Las clases burguesas
habían consolidado su dominio, dejando en la penumbra la historia de la etapa feudal. «La necesidad
de coordinar sin contradecir los conceptos de orden y libertad...»23, junto con «...el desarrollo de las
ciencias naturales, de la máquina y la tecnología, así como el fluir constante de una inusitada
riqueza, hacían imaginar a los optimistas que se estaba llegando a una etapa de progreso
irreversible en todos los ordenes.»24
La importancia que se le dio al positivismo durante el siglo XIX «...se basó en su énfasis por el
método científico, en su rechazo de la metafísica, en su ética utilitaria para el bien de la humanidad,
20
Ibídem, pág. 25.
21
Loc.cit.
22
Ibídem, pág. 26.
23
Leopoldo Zea. Elpositivismoylacircunstanciamexicana. 2ª. ed. México, Fondo de Cultura Económica, 1997, pág. 51.
24
Miguel Ángel Gallo. Introducciónalascienciassociales. México, Quinto Sol, 1996, pág. 33.
14
en sus exigencias a favor de la sociología y en su creencia en la posibilidad de la síntesis.»25 Para
Comte las generalidades positivistas eran capaces de organizar toda la realidad humana como se
presentaba en la historia, la cual podría ser transformada gradualmente hacia una especie de unidad
social. Comte vería en la sociología (física social) una posibilidad para llegar a esa unidad humana.
Tanto los conceptos de unidad, síntesis, método científico y leyes, como la idea de
universalidad y totalidad, no tardarían en llegar a la mente de Otlet. Fue el cientificismo del siglo XIX
el que le colmó la cabeza de ideas relacionadas con la búsqueda de la verdad y un bien social. Y no
sólo Comte con sus «generalidades positivas» dejaría huella en su vida, sino también pensadores de
la talla de Herbert Spencer y Alfred Foullée, ambos con ideas positivistas pero con particularidades
propias, le influirían. La filosofía de Comte, Spencer y Fouillée se basaba precisamente en el
florecimiento de las ciencias. En ella veía Otlet un dinamismo que empujaba al hombre a concebir
una variedad de utopías relacionadas con la organización social.
Para Otlet la palabra ciencia «...aparecía como un enunciado mágico que expresaba no sólo la
investigación de hechos concretos, sino todo un complejo mundo de ideas y principios. La
organización lógica y racional de todo ello era en definitiva, el último objetivo de la tarea científica
del belga.»26 Para quien tenía fe en la ciencia y había rechazado la metafísica tradicional, no
resultaba difícil asimilar las ideas de estos pensadores. Otlet, desde ese momento, se mostró
convencido de su nueva postura filosófica-científica, incluso hasta en los momentos más aciagos.
El progreso que se originó, a partir de un cambio en el orden económico-social de Europa,
ofrecía a todos aquellos que estuviesen interesados en la creación de nuevas rutas de pensamiento,
la posibilidad de situarse como rectores en varios campos del saber. Con estas nuevas perspectivas,
Paul Otlet estaría en condiciones de anunciar un desarrollo del conocimiento científico a través del
registro bibliográfico, con el fin de volverlo útil para la vida, en este caso, hacerlo llegar a quien lo
necesite.
Sin embargo, las ideas de Otlet van más allá de una simple y mera interpretación positivista
de la realidad. Su mentalidad, apoyada en un método que busca la síntesis del conocimiento, le
permitió anticipar muchas de las dinámicas intelectuales que hasta nuestros días persisten en la
manera de trabajo que las comunidades epistémicas o sociedades de conocimiento realizan, creando
así un cuerpo de leyes documentales acordes a una serie de interpretaciones de carácter universal y
total, en la que se puede imaginar al planeta mismo como un gran escaparate para la mente
humana.
Por tal motivo, el pensamiento otletiano, al proponer un nuevo sistema de relaciones entre
quien produce el conocimiento, lo consume y lo difunde, resulta ser un nuevo derrotero de
posibilidades para la comunicación de las ideas y el desarrollo del conocimiento humano. De facto
Otlet pasa el umbral del mundo de las ideas al hacer tangible su pensamiento con la elaboración de
bibliografías, resoluto congruente de la doctrina científica que profesa.
Los positivistas de esta época declaraban: «En realidad para nuestra ciencia, lo que debemos
entender por síntesis no es propiamente un método de investigación, sino una operación
fundamental del espíritu, por lo cual logramos la comprensión cabal de la esencia de lo que hemos
conocido en todos lo aspectos particulares a través del análisis.»27 Esta forma de concebir las ideas
por medio del análisis y la síntesis, guiaría a Otlet durante todo el tiempo que trabajó como
documentalista. Inclusive supo aplicar a su persona la siguiente idea de Alfred Lacroix, a quien
25
W. Boyd Rayward. Eluniverso..., pág. 27.
26
José López Yepes. Ladocumentación..., pág. 62.
27
Miguel Ángel Gallo. Op.cit., pág. 32.
15
expresamente cita con ocasión a su fijación de los dos tipos de espíritu científico (analítico y
sintético):
Necesidad de esos hombres de alta cultura general, de gran conciencia, hombres que tengan la facultad
y la habilidad de filtrar de algún modo la producción mundial para no dejar pasar más que lo que
contiene de esencial y de bueno, hombres que sepan separar de su ganga los hechos importantes para
valorarlos en su verdadero sitio y emplearlos pronto en la edificación de síntesis accesibles a todos.28
Otlet creía que las capacidades de análisis y síntesis en el ser humano eran resultado de
operaciones hechas con base en el espíritu, apoyadas siempre en el estudio y en la idea de un
beneficio social. Dicho de otra manera, estos dos tipos de espíritu científico sólo eran otorgados a
aquellos estudiosos que, de una u otra forma, estaban interesados en defender las posibilidades del
desarrollo humano a través de la ciencia. Para Otlet esto siempre fue claro, dado que nunca
desperdiciaría ocasión para expresar que el saber científico se convierte en un tesoro en el momento
en que éste se presenta a manera de bienestar social.
Resumiendo, lo anterior sería el marco científico-filosófico que circunscribió al belga. La
disposición que mostró Paul Otlet para el estudio, la comprensión y la asimilación de este sistema,
dejaría en él grandes dividendos para la construcción de teorías y prácticas documentales, las cuales
vinieron a revolucionar el campo de la comunicación científica. Otlet recupera así una filosofía que
tuvo su origen un siglo atrás, para después aplicarla en el siglo XX, donde el número, la
multiplicidad y la duplicación de las ideas se muestran cada vez en mayor cantidad y con un matiz
inusitado.
1.3 Su madurez profesional y la bibliografía
En el año de 1891 un grupo de eruditos belgas formaron en Bruselas la SociétédesÉtudesSociales
et Politiques, la cual Otlet vio nacer con gran interés. Para él la Sociedad representaba una
magnífica oportunidad para ver proyectadas sus ambiciones altruistas y de conocimiento. Dentro de
la Sociedad, Henri La Fontaine dirigía la Sección de Bibliografía. Otlet inmediatamente sintió una
gran simpatía por el trabajo de La Fontaine, descubriendo en él fuertes intereses comunes. Además
de ejercer la misma profesión, ambos formaban parte de círculos culturales similares. «Estaba claro
que el florecimiento de su amistad con La Fontaine durante 1892 y 1893 tuvo gran importancia para
Otlet, pues iba a proporcionarle, para la mayor parte de su vida, esa íntima intelectual amistad cuya
ausencia había lamentado en su diario reiterativamente.»29
Poco después, Otlet y La Fontaine tuvieron la oportunidad de expresar sus inclinaciones por la
bibliografía a través su trabajo, lo que implicó la formación del Pandectes belges, el cual creció
rápidamente bajo sus miradas en la última parte del siglo XIX y en la primera del XX. El Pandectes
belges era ni más ni menos la compilación de la jurisprudencia belga de Picard: una colección de
todas las leyes y normas del juzgado, enriquecida por las múltiples opiniones de sus colaboradores
nacionales. Cabe mencionar esta obra bibliográfica, pues sería el preludio del trabajo que
desembocaría en la formación del Instituto Internacional de Bibliografía Sociológica en 1893.
28
Paul Otlet. El tratado de documentación : el libro sobre el libro : teoría y práctica. Trad. por María Dolores Ayuso
García. Murcia, Universidad de Murcia, 1996, pág. 251.
29
W. Boyd Rayward. Eluniverso..., pág. 31.
16
En 1891, bajo la guía de Picard, «…Otlet y un grupo de colegas empezaron a editar una
publicación titulada Sommaire périodique des revues de droit.»30 Este trabajo le dio a Otlet una
experiencia bibliográfica mayor con respecto a la que había adquirido en la formación del Pandectes.
Posteriormente, en el año de 1892, Otlet publica por primera ocasión en el periódico Palais un
artículo relacionado con la bibliografía, titulado UnPeuduBibliographie.En este artículo expresaría
su reconocimiento por una bibliografía positivista y el pensamiento positivista en general.
Las ciencias sociales, observó en este artículo, «...pueden ser abordadas únicamente a través
de una corriente de publicaciones. Para aquellos que están interesados en la calidad y no en la
cantidad, la variedad y el volumen de estas publicaciones son un tema de gran importancia.»31 Así lo
declaró: «Todos estos libros, todos estos folletos, todos estos artículos de revista cuya publicación es
anunciada semanalmente por los catálogos de librería y noticias en las revistas especializadas,
aportan lo nuevo.»32
Ahora bien, Otlet se percata de que en las ciencias naturales el problema del registro de las
ideas es mínimo, ya que los resultados de sus investigaciones están perfectamente observados y
registrados. Esto lo lleva a reflexionar sobre cómo la sociología puede ser desarrollada de forma
similar.33
Las ciencias naturales, sugería Otlet, proporcionan un inspirador punto de comparación muy
claro, pues sus conclusiones se basan en millones de hechos cuidadosamente observados e
integrados, de tal forma que conducen a leyes de progresiva y creciente generalidad. Otlet desarrolla
esta idea gracias a cierta premisa de su maestro, Ferdinand Larcier, quien le dijera así: «La mente
humana no es un órgano que produce las ciencias, sino más bien un aparato de registro, cuyo único
papel es observar las leyes que emergen de hechos cuidadosamente reunidos y de experimentos
ejecutados escrupulosamente.»34 En UnPeuduBibliographiese nota su influencia:
Los resultados de las ciencias naturales están integrados en millones de hechos cuidadosamente
observados, analizados y catalogados. Estos hechos han sido integrados subsecuentemente dentro de
secuencias y combinaciones que naturalmente permiten la enunciación de leyes, primeramente de
forma parcial, y más tarde de manera general; en donde la síntesis más poderosa e indestructible que
jamás ha sido creada, ahora parece posible.35
Por tanto dirá que la solución para hacer patente el progreso de las ciencias sociales es imitar
el modelo de las ciencias duras, dado «…que en las ciencias naturales no existe esa duplicidad de
esfuerzo manifestada en todas las partes de las ciencias sociales.»36 De este modo, Otlet perseguirá
un ordenamiento de los trabajos de los estudiosos de la sociología a partir de lo que ya se sabe, así
como de los nuevos descubrimientos que se dan a cada instante. Estos trabajos debían reunirse y
grabarse, para que a partir de ese momento, su utilización sirva de base para un amplio desarrollo
científico e intelectual. Este es el problema al que Otlet se enfrentó casi toda su vida.
30
Ibídem, pág. 32.
31
Ibídem, pág. 33.
32
José López Yepes. Ladocumentación..., pág. 63.
33
Su preocupación, en relación con el registro de las ideas y del pensamiento en el campo de la sociología, convierte a
Otlet en uno de los primeros sociólogos de la ciencia.
34
José López Yepes. Ladocumentación..., pág. 62.
35
Paul Otlet. “Something about bibliography”, en Selected essays of Paul Otlet. Trad. y ed. por W. Boyd Rayward.
Amsterdam, Elsevier Science Publishers, 1990, pág. 11.
36
W. Boyd Rayward. Eluniverso..., pág. 33.
17
También consideraría que el aspecto exterior de un libro, su forma y los datos del autor son de
poca importancia. Lo valioso para él era el contenido, que debería ser preservado para formar parte
del cuerpo general de las ciencias, algo impersonal en beneficio de todos: «La ciencia es, por
supuesto, el conjunto de todos los hechos observados y de todas las hipótesis probables sugeridas
para explicar tales hechos estudiados y su reducción en leyes. Cómo coordinar los esfuerzos de las
individualidades científicas para que el trabajo pueda llegar a ser parte de una racional colectividad,
superior a ellas y con más trascendencia, sin llegar a circunscribirlas… éste era el problema.»37
Para resolver dicho problema, Otlet llevó primeramente a cabo una clasificación de las fuentes
sociológicas, las cuales fueron publicadas posteriormente en forma de catálogo. En este catálogo se
encontraban fichas con sus respectivos resúmenes de las fuentes, lo que permitía conocer tanto su
contenido como su localización; además, la recuperación de éstas se lograba vía su indización. El
catálogo se renovaría con la incorporación de los nuevos avances que se manifestasen en el campo
de la sociología, lo que exigía el trabajo de investigadores y comunidades científicas para la
manutención de este catálogo bibliográfico, así como para la solución de los problemas que se
presentasen en su creación.
Las características de este catálogo permitían que cada fuente quedara representada desde un
punto de vista formal y temático. De hecho, cualquier cosa podía aislarse y grabarse en fichas,
directamente o en forma de referencias. «Estas fichas podían ser intercaladas día a día y ser
intercambiables, para organizar un repertorio bibliográfico sobre el tema seleccionado, algo que
pudiera ser descrito como una especie de cerebro artificial.»38
Con la creación de los catálogos, Otlet se percata de la necesidad de una clasificación, además
de un vocabulario controlado que le permitiese describir con exactitud los diversos materiales.
Pronto resolvería la primera dificultad al conocer la Clasificación Decimal de Melvil Dewey.
Para el año de 1893, la Sección de Bibliografía cambiaría su nombre por el de Instituto
Internacional de Bibliografía Sociológica (IIBS). Todos los problemas relacionados con la bibliografía
científica y su planteamiento en el contexto creador del investigador, serían estudiados en el instituto
de Otlet y La Fontaine.
Desde entonces, Otlet manifestó una fuerte inclinación por la bibliografía, vista como una
fórmula sintética que permite remediar los grandes males que afectan a las ciencias sociales y a la
humanidad en general. Esta fórmula se mostraba congruente con sus ideales de bienestar social y
búsqueda incesante de un método universal. Todo ello sumado le hacía imaginar que se lograría
impulsar un amplio proyecto, el cual diera origen a un índice general de un «libro único», en el que
se encontrarían todas las bibliografías de todas las disciplinas (una bibliografía universal).
La idea de una bibliografía universal en Otlet se concretó con la creación de La Oficina
Internacional de Bibliografía Sociológica en 1894, rápido denominada Oficina Internacional de
Bibliografía (OIB), la cual posibilitó, en gran mediada, la publicación de bibliografías de carácter
sociológico. Posteriormente se integraron en este proyecto cinco grandes repertorios: «...a) un
repertorio legal universal; b) un repertorio para las ciencias sociales; c) repertorios clasificados de
legislación comparada; d) de estadística comparada; y e) un repertorio general por autores.»39 La
finalidad de estos repertorios era instaurar las bases para la creación de una Federación Mundial,
que aseguraría el acceso a todo tipo de bibliotecas y documentos contenidos en la Federación, para
después ser consultados y estudiados.
37
Ibídem, pág. 35.
38
Ibídem, pág. 35.
39
José López Yepes. Ladocumentación..., pág. 64.
18
Esta Federación Mundial tendría como principio básico la cooperación científica a través del
intercambio intelectual entre diversas personas y organismos. La instauración de un depósito legal
mundial de todas las ideas de la humanidad, para ser automáticamente almacenadas y después
extendidas, con un mínimo de esfuerzo y un máximo de eficacia, permitiría la creación de una
Universidad Internacional, lugar donde los que deseasen dedicarse a altos estudios, pudieran
encontrar todos los documentos y todos los libros existentes en el mundo. Este inalcanzable, pero
deseado proyecto, consistiría en una Biblioteca Internacional, una Oficina Internacional –de la cual la
Oficina de Sociología es un ejemplo–, una Oficina Internacional de Estadística y un servicio Central
de Congresos. A estos servicios básicos de la Federación se podrían añadir otros, dependiendo de su
éxito, por ejemplo: «...un Consejo Internacional de Enseñanza, un Consejo Internacional de Higiene,
una Oficina Internacional del Trabajo, un Despacho Central de Legislación Comparativa, una Oficina
Internacional de Patentes y un servicio dedicado a la nomenclatura de la Botánica y de la Zoología.»40
Aquí estaría el primer contenido de lo que posteriormente vendría a ser una parte importante de la
Sociedad de Naciones, conocida más tarde con el nombre de Naciones Unidas.
Claramente se observa una concepción universal en el trabajo de Otlet, en relación con la
organización y uso del conocimiento, lo que le permitió escribir en 1934 su valioso Tratado de
Documentación.Ellibrosobreellibro.Teoríaypráctica.La idea de universalidad en su Tratadode
Documentaciónpuede percibirse desde sus primeras líneas:
Para volver accesible la cantidad de información y artículos dados cada día en la prensa cotidiana, en
las revistas, para conservar los folletos, informes, prospectos, documentos oficiales, para encontrar las
materias dispersas en los libros, para hacer un todo homogéneo de estas masas incoherentes, son
precisos nuevos procedimientos, muy distintos de la antigua biblioteconomía, tal y como han sido
aplicados.41
Su idea de la universalidad del conocimiento se basa en un solo principio, cuyo papel versa
sobre los procesos documentarios. Se trata del «…principio-tendencia de la publicación óptima, el
cual se expresa en estas cuatro desideratas: 1° Decirlo todo de una cosa. 2° Decirlo todo de una vez.
3° La verdad sobre todo. 4° Bajo la forma más apta para ser comprendida.»42 Estas desideratas
ilustran puntualmente las ideas de Otlet con respecto al acceso a la información y al conocimiento,
las cuales se ven patentizadas en su tratado. Se advierte que la universalidad a la que Otlet hace
alusión siempre se encuentra implícita y explícita en toda su obra y pensamiento, lo que lo consolida
como uno de los personajes más importantes dentro del estudio de la ciencia de la información
contemporánea.
En general, estas fueron las acciones e ideas lapidarias que permiten considerar a la
documentación otletiana como una disciplina científica.
En el ocaso de su vida, Otlet vería con la creación del Palais Mundial, después Mundaneum, la
consumación práctica y cognitiva de toda su obra, dejando a posteriores generaciones de
intelectuales la posibilidad de continuar su trabajo en aras del desarrollo humano, siempre bajo la
idea de una acumulación sistemática del conocimiento y la infinita posibilidad de organización que la
Clasificación Decimal Universal ofrece para las tareas bibliográficas. Desgraciadamente la Segunda
Guerra Mundial vendría a interrumpir casi totalmente su labor documental y altruista. Sin embargo,
40
W. Boyd Rayward. Eluniverso..., pág. 39.
41
Paul Otlet. Eltratado..., pág. 6.
42
Ibídem, pág. 10.
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Otlet en ningún momento se dejó amedrentar por este suceso, agotando pues hasta la última
oportunidad por establecer dignamente El Mundaneum y declararlo al servicio de la razón humana y
el estudio mundial. El día diez de diciembre de 1944, mientras trabajaba hasta tarde, Paul Otlet
dejaría de existir físicamente.
20